Hubo meses en que los días parecían ser eternos. Estos últimos meses siento que han pasado volando. Ya se acerca el primer aniversario de una fecha gris y me parece interesante ver cómo han cambiado las cosas en este tiempo. Puedo decir que he crecido bastante, aunque me falta mucho aún. También, después de mucho dolor, muchas lágrimas y muchas cajas de pañuelos desechables, puedo decir que he asimilado lo sucedido y he ido superándolo. No sé qué pase después, pero por el momento me enfoco en vivir y disfrutar un día a la vez.
Eso de disfrutar en ocasiones es difícil, especialmente si sigo teniendo que lidiar con enormes deudas, las dificultades de transporte y una que otra situación inesperada que surge. Sin embargo, he decidido no volver a permitir que un solo incidente opaque las muchas fuentes de luz que iluminan mi vida día a día.
Y aunque mis días ahora empiezan a las 4 a.m. (¡cuando antes me iba a dormir a esa hora!), pierdo entre 4 y 5 horas al día para trasladarme de la casa al trabajo y luego de regreso, uno de mis perros está delicado de salud, sigo atrasada con la renta, le debo dinero a más personas y el calor que ha hecho estos últimos días me desgasta bastante, doy gracias por mi familia y todos mis seres queridos, mi nuevo trabajo y mis compañeros de trabajo, mis plantitas aguantadoras que me siguen regalando sus lindos colores y hermosas flores (aunque no las riegue con la frecuencia debida) y esas 9 miradas tan cariñosas y curiosas que me reciben cada día al llegar a casa.
